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LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS
(*)
LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS - Pasta blanda

2005, ISBN: 8488671946, Lieferbar binnen 4-6 Wochen Gastos de envío:Versandkostenfrei innerhalb der BRD

ID: 9788488671943

Internationaler Buchtitel. In spanischer Sprache. 88 Seiten, [GR: 27220 - TB/Erziehung/Bildung/Allgemeines /Lexika], [SW: - Education / General], Kartoniert/Broschiert, Klappentext: Érase una vez un hombre, amigo inquebrantable y generoso, que descubrió un día el olvido. Percibió una mañana que aquellos recuerdos de la adolescencia y de la juventud, e incluso de su madurez, que solía evocar cuando se trasladaba a impartir clases de literatura, o cuando esperaba a los amigos en su casa, o cuando un par de vasitos de vino, desde el paladar, decidían pescar en su memoria, aquellos recuerdos, digo, habían sido desplazados, sepultados o, simplemente, se habían desvanecido. Porque fueron tantas las sandeces que ese hombre tuvo que oír durante estos últimos años que la estúpida fuerza de las mismas comenzaba su infatigable tarea de arrinconar los recuerdos en el ángulo más oscuro de la evocación. La intolerancia de los jefecillos que le salían al paso, el marujeo de los compañeros, las guerras amañadas de antemano, la publicidad que, como buscona impenitente, le asediaba en cualquier esquina, las noticias repetidas hasta la saciedad por la prensa, la radio y la televisión en sus distintas versiones, todo esto y mucho más provocaba poco a poco, con marcha lenta y precisión fatal, que comenzara a olvidar hasta las letras de los boleros más queridos e incluso alguna que otra canción de Luis Mariano. Y así un buen día, desolado por esta incipiente carcoma de la memoria, decidió atajar el mal y se propuso una estrategia que, llevada con disciplina y tesón, pudiera acabar, de una vez por todas, con la oxidación progresiva de sus recuerdos. Y para ello decidió imponerse dos obligaciones, en primer lugar evitar, en la medida de lo posible, los ataques externos; cerró, pues, sus oídos al discurso demagógico, dejó de indignarse ante la intolerancia de los que no saben mandar, volvió la espalda a la crítica y al comadreo, cerró el buzón de la publicidad, compró menos periódicos y apagó para siempre la televisión. Y luego se propuso la tarea de rescatar sus recuerdos. Después de tanto desescombro a buen seguro que irían apareciendo en los rincones de la memoria. Allí estarían, en su retiro, esperando el reencuentro con el cazador del atrás, ávido por revivirlos después de restaurarlos con esmero y con minuciosa precisión. Más tarde, el protagonista de esta historia cayó en la cuenta que por mucho cuidado que tuviera en recomponer lo vivido, por muy bien que hilvanara la memoria, nunca estaría a salvo de nuevos ataques externos y que la frontera de su intimidad reconquistada podría sufrir de improviso nuevas agresiones. ¿Y si me vuelvo a olvidar de mis recuerdos, de lo que he vivido, de lo que he soñado?, se dijo, y ni corto ni perezoso se propuso, con voluntad y disciplina espartanas, obligarse a escribir aquellos retazos de su memoria que su personal e intransferible criterio decidiera otorgarles la cualidad de aceptables, entrañables, válidos para ser relatados a través de la escritura (aunque esto sea un decir pues me consta que utiliza, ya, el ordenador). ¿Y si se pierden mis escritos?, se dijo Pepe Juan (que así se llama nuestro personaje), ¿y si extravío los folios o un virus maligno, como el Demiurgo de Platón, expulsa o devora las palabras almacenadas en el disco duro?, y acto seguido adoptó la cuarta decisión, cual es la de publicar y divulgar el botín rescatado para que otros pudieran hacerse con él y mantenerlo a buen recaudo, bien repartido, para que la diosa Agresora de la Memoria no supiera por dónde empezar, no supiera a qué atenerse y se volviera, finalmente, loca. Y esta es la historia del libro que tienen ustedes en sus manos. Nunca se olviden de él pues traicionaríamos tantos esfuerzos que el destino vengador puede depararnos lo mismo, y entonces no habrá ya nadie que escriba relatos y no podremos contarnos nada porque nada recordaremos y nos veríamos condenados a hablar del presente, pero como éste se escapa a cada instante, tendríamos que permanecer en silencio, mirándonos los unos a los otros y compartiendo todos un remordimiento por algo que también se nos habrá olvidado. Érase una vez un hombre, amigo inquebrantable y generoso, que descubrió un día el olvido. Percibió una mañana que aquellos recuerdos de la adolescencia y de la juventud, e incluso de su madurez, que solía evocar cuando se trasladaba a impartir clases de literatura, o cuando esperaba a los amigos en su casa, o cuando un par de vasitos de vino, desde el paladar, decidían pescar en su memoria, aquellos recuerdos, digo, habían sido desplazados, sepultados o, simplemente, se habían desvanecido. Porque fueron tantas las sandeces que ese hombre tuvo que oír durante estos últimos años que la estúpida fuerza de las mismas comenzaba su infatigable tarea de arrinconar los recuerdos en el ángulo más oscuro de la evocación. La intolerancia de los jefecillos que le salían al paso, el marujeo de los compañeros, las guerras amañadas de antemano, la publicidad que, como buscona impenitente, le asediaba en cualquier esquina, las noticias repetidas hasta la saciedad por la prensa, la radio y la televisión en sus distintas versiones, todo esto y mucho más provocaba poco a poco, con marcha lenta y precisión fatal, que comenzara a olvidar hasta las letras de los boleros más queridos e incluso alguna que otra canción de Luis Mariano. Y así un buen día, desolado por esta incipiente carcoma de la memoria, decidió atajar el mal y se propuso una estrategia que, llevada con disciplina y tesón, pudiera acabar, de una vez por todas, con la oxidación progresiva de sus recuerdos. Y para ello decidió imponerse dos obligaciones, en primer lugar evitar, en la medida de lo posible, los ataques externos; cerró, pues, sus oídos al discurso demagógico, dejó de indignarse ante la intolerancia de los que no saben mandar, volvió la espalda a la crítica y al comadreo, cerró el buzón de la publicidad, compró menos periódicos y apagó para siempre la televisión. Y luego se propuso la tarea de rescatar sus recuerdos. Después de tanto desescombro a buen seguro que irían apareciendo en los rincones de la memoria. Allí estarían, en su retiro, esperando el reencuentro con el cazador del atrás, ávido por revivirlos después de restaurarlos con esmero y con minuciosa precisión. Más tarde, el protagonista de esta historia cayó en la cuenta que por mucho cuidado que tuviera en recomponer lo vivido, por muy bien que hilvanara la memoria, nunca estaría a salvo de nuevos ataques externos y que la frontera de su intimidad reconquistada podría sufrir de improviso nuevas agresiones. ¿Y si me vuelvo a olvidar de mis recuerdos, de lo que he vivido, de lo que he soñado?, se dijo, y ni corto ni perezoso se propuso, con voluntad y disciplina espartanas, obligarse a escribir aquellos retazos de su memoria que su personal e intransferible criterio decidiera otorgarles la cualidad de aceptables, entrañables, válidos para ser relatados a través de la escritura (aunque esto sea un decir pues me consta que utiliza, ya, el ordenador). ¿Y si se pierden mis escritos?, se dijo Pepe Juan (que así se llama nuestro personaje), ¿y si extravío los folios o un virus maligno, como el Demiurgo de Platón, expulsa o devora las palabras almacenadas en el disco duro?, y acto seguido adoptó la cuarta decisión, cual es la de publicar y divulgar el botín rescatado para que otros pudieran hacerse con él y mantenerlo a buen recaudo, bien repartido, para que la diosa Agresora de la Memoria no supiera por dónde empezar, no supiera a qué atenerse y se volviera, finalmente, loca. Y esta es la historia del libro que tienen ustedes en sus manos. Nunca se olviden de él pues traicionaríamos tantos esfuerzos que el destino vengador puede depararnos lo mismo, y entonces no habrá ya nadie que escriba relatos y no podremos contarnos nada porque nada recordaremos y nos veríamos condenados a hablar del presente, pero como éste se escapa a cada instante, tendríamos que permanecer en silencio, mirándonos los unos a los otros y compartiendo todos un remordimiento por algo que también se nos habrá olvidado.

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LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS
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LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS - Pasta blanda

ISBN: 9788488671943

[ED: Taschenbuch], [PU: Baile Del Sol], Érase una vez un hombre, amigo inquebrantable y generoso, que descubrió un día el olvido. Percibió una mañana que aquellos recuerdos de la adolescencia y de la juventud, e incluso de su madurez, que solía evocar cuando se trasladaba a impartir clases de literatura, o cuando esperaba a los amigos en su casa, o cuando un par de vasitos de vino, desde el paladar, decidían pescar en su memoria, aquellos recuerdos, digo, habían sido desplazados, sepultados o, simplemente, se habían desvanecido. Porque fueron tantas las sandeces que ese hombre tuvo que oír durante estos últimos años que la estúpida fuerza de las mismas comenzaba su infatigable tarea de arrinconar los recuerdos en el ángulo más oscuro de la evocación. La intolerancia de los jefecillos que le salían al paso, el marujeo de los compañeros, las guerras amañadas de antemano, la publicidad que, como buscona impenitente, le asediaba en cualquier esquina, las noticias repetidas hasta la saciedad por la prensa, la radio y la televisión en sus distintas versiones, todo esto y mucho más provocaba poco a poco, con marcha lenta y precisión fatal, que comenzara a olvidar hasta las letras de los boleros más queridos e incluso alguna que otra canción de Luis Mariano. Y así un buen día, desolado por esta incipiente carcoma de la memoria, decidió atajar el mal y se propuso una estrategia que, llevada con disciplina y tesón, pudiera acabar, de una vez por todas, con la oxidación progresiva de sus recuerdos. Y para ello decidió imponerse dos obligaciones, en primer lugar evitar, en la medida de lo posible, los ataques externos cerró, pues, sus oídos al discurso demagógico, dejó de indignarse ante la intolerancia de los que no saben mandar, volvió la espalda a la crítica y al comadreo, cerró el buzón de la publicidad, compró menos periódicos y apagó para siempre la televisión. Y luego se propuso la tarea de rescatar sus recuerdos. Después de tanto desescombro a buen seguro que irían apareciendo en los rincones de la memoria. Allí estarían, en su retiro, esperando el reencuentro con el cazador del atrás, ávido por revivirlos después de restaurarlos con esmero y con minuciosa precisión. Más tarde, el protagonista de esta historia cayó en la cuenta que por mucho cuidado que tuviera en recomponer lo vivido, por muy bien que hilvanara la memoria, nunca estaría a salvo de nuevos ataques externos y que la frontera de su intimidad reconquistada podría sufrir de improviso nuevas agresiones. Y si me vuelvo a olvidar de mis recuerdos, de lo que he vivido, de lo que he soñado?, se dijo, y ni corto ni perezoso se propuso, con voluntad y disciplina espartanas, obligarse a escribir aquellos retazos de su memoria que su personal e intransferible criterio decidiera otorgarles la cualidad de aceptables, entrañables, válidos para ser relatados a través de la escritura (aunque esto sea un decir pues me consta que utiliza, ya, el ordenador). Y si se pierden mis escritos?, se dijo Pepe Juan (que así se llama nuestro personaje), y si extravío los folios o un virus maligno, como el Demiurgo de Platón, expulsa o devora las palabras almacenadas en el disco duro?, y acto seguido adoptó la cuarta decisión, cual es la de publicar y divulgar el botín rescatado para que otros pudieran hacerse con él y mantenerlo a buen recaudo, bien repartido, para que la diosa Agresora de la Memoria no supiera por dónde empezar, no supiera a qué atenerse y se volviera, finalmente, loca. Y esta es la historia del libro que tienen ustedes en sus manos. Nunca se olviden de él pues traicionaríamos tantos esfuerzos que el destino vengador puede depararnos lo mismo, y entonces no habrá ya nadie que escriba relatos y no podremos contarnos nada porque nada recordaremos y nos veríamos condenados a hablar del presente, pero como éste se escapa a cada instante, tendríamos que permanecer en silencio, mirándonos los unos a los otros y compartiendo todos un remordimiento por algo que también se nos habrá olvidado. Versandfertig in 2-4 Wochen, [SC: 0.00], Neuware, gewerbliches Angebot

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LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS - José Juan Pérez
(*)
José Juan Pérez:
LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS - Pasta blanda

2005, ISBN: 8488671946

ID: 2050659107

[EAN: 9788488671943], Neubuch, [PU: Baile Del Sol 20050000], Érase una vez un hombre, amigo inquebrantable y generoso, que descubrió un día el olvido. Percibió una mañana que aquellos recuerdos de la adolescencia y de la juventud, e incluso de su madurez, que solía evocar cuando se trasladaba a impartir clases de literatura, o cuando esperaba a los amigos en su casa, o cuando un par de vasitos de vino, desde el paladar, decidían pescar en su memoria, aquellos recuerdos, digo, habían sido desplazados, sepultados o, simplemente, se habían desvanecido. Porque fueron tantas las sandeces que ese hombre tuvo que oír durante estos últimos años que la estúpida fuerza de las mismas comenzaba su infatigable tarea de arrinconar los recuerdos en el ángulo más oscuro de la evocación. La intolerancia de los jefecillos que le salían al paso, el marujeo de los compañeros, las guerras amañadas de antemano, la publicidad que, como buscona impenitente, le asediaba en cualquier esquina, las noticias repetidas hasta la saciedad por la prensa, la radio y la televisión en sus distintas versiones, todo esto y mucho más provocaba poco a poco, con marcha lenta y precisión fatal, que comenzara a olvidar hasta las letras de los boleros más queridos e incluso alguna que otra canción de Luis Mariano. Y así un buen día, desolado por esta incipiente carcoma de la memoria, decidió atajar el mal y se propuso una estrategia que, llevada con disciplina y tesón, pudiera acabar, de una vez por todas, con la oxidación progresiva de sus recuerdos. Y para ello decidió imponerse dos obligaciones, en primer lugar evitar, en la medida de lo posible, los ataques externos; cerró, pues, sus oídos al discurso demagógico, dejó de indignarse ante la intolerancia de los que no saben mandar, volvió la espalda a la crítica y al comadreo, cerró el buzón de la publicidad, compró menos periódicos y apagó para siempre la televisión. Y luego se propuso la tarea de rescatar sus recuerdos. Después de tanto desescombro a buen seguro que irían apareciendo en los rincones de la memoria. Allí estarían, en su retiro, esperando el reencuentro con el cazador del atrás, ávido por revivirlos después de restaurarlos con esmero y con minuciosa precisión. Más tarde, el protagonista de esta historia cayó en la cuenta que por mucho cuidado que tuviera en recomponer lo vivido, por muy bien que hilvanara la memoria, nunca estaría a salvo de nuevos ataques externos y que la frontera de su intimidad reconquistada podría sufrir de improviso nuevas agresiones. ¿Y si me vuelvo a olvidar de mis recuerdos, de lo que he vivido, de lo que he soñado?, se dijo, y ni corto ni perezoso se propuso, con voluntad y disciplina espartanas, obligarse a escribir aquellos retazos de su memoria que su personal e intransferible criterio decidiera otorgarles la cualidad de aceptables, entrañables, válidos para ser relatados a través de la escritura (aunque esto sea un decir pues me consta que utiliza, ya, el ordenador). ¿Y si se pierden mis escritos?, se dijo Pepe Juan (que así se llama nuestro personaje), ¿y si extravío los folios o un virus maligno, como el Demiurgo de Platón, expulsa o devora las palabras almacenadas en el disco duro?, y acto seguido adoptó la cuarta decisión, cual es la de publicar y divulgar el botín rescatado para que otros pudieran hacerse con él y mantenerlo a buen recaudo, bien repartido, para que la diosa Agresora de la Memoria no supiera por dónde empezar, no supiera a qué atenerse y se volviera, finalmente, loca. Y esta es la historia del libro que tienen ustedes en sus manos. Nunca se olviden de él pues traicionaríamos tantos esfuerzos que el destino vengador puede depararnos lo mismo, y entonces no habrá ya nadie que escriba relatos y no podremos contarnos nada porque nada recordaremos y nos veríamos condenados a hablar del presente, pero como éste se escapa a cada instante, tendríamos que permanecer en silencio, mirándonos los unos a los otros y compartiendo todos un remordimiento por algo que también se nos habrá olvidado.

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LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS

Érase una vez un hombre, amigo inquebrantable y generoso, que descubrió un día el olvido. Percibió una mañana que aquellos recuerdos de la adolescencia y de la juventud, e incluso de su madurez, que solía evocar cuando se trasladaba a impartir clases de literatura, o cuando esperaba a los amigos en su casa, o cuando un par de vasitos de vino, desde el paladar, decidían pescar en su memoria, aquellos recuerdos, digo, habían sido desplazados, sepultados o, simplemente, se habían desvanecido. Porque fueron tantas las sandeces que ese hombre tuvo que oír durante estos últimos años que la estúpida fuerza de las mismas comenzaba su infatigable tarea de arrinconar los recuerdos en el ángulo más oscuro de la evocación. La intolerancia de los jefecillos que le salían al paso, el marujeo de los compañeros, las guerras amañadas de antemano, la publicidad que, como buscona impenitente, le asediaba en cualquier esquina, las noticias repetidas hasta la saciedad por la prensa, la radio y la televisión en sus distintas versiones, todo esto y mucho más provocaba poco a poco, con marcha lenta y precisión fatal, que comenzara a olvidar hasta las letras de los boleros más queridos e incluso alguna que otra canción de Luis Mariano. Y así un buen día, desolado por esta incipiente carcoma de la memoria, decidió atajar el mal y se propuso una estrategia que, llevada con disciplina y tesón, pudiera acabar, de una vez por todas, con la oxidación progresiva de sus recuerdos. Y para ello decidió imponerse dos obligaciones, en primer lugar evitar, en la medida de lo posible, los ataques externos; cerró, pues, sus oídos al discurso demagógico, dejó de indignarse ante la intolerancia de los que no saben mandar, volvió la espalda a la crítica y al comadreo, cerró el buzón de la publicidad, compró menos periódicos y apagó para siempre la televisión. Y luego se propuso la tarea de rescatar sus recuerdos. Después de tanto desescombro a buen seguro que irían apareciendo en los rincones de la memoria. Allí estarían, en su retiro, esperando el reencuentro con el cazador del atrás, ávido por revivirlos después de restaurarlos con esmero y con minuciosa precisión. Más tarde, el protagonista de esta historia cayó en la cuenta que por mucho cuidado que tuviera en recomponer lo vivido, por muy bien que hilvanara la memoria, nunca estaría a salvo de nuevos ataques externos y que la frontera de su intimidad reconquistada podría sufrir de improviso nuevas agresiones. ¿Y si me vuelvo a olvidar de mis recuerdos, de lo que he vivido, de lo que he soñado?, se dijo, y ni corto ni perezoso se propuso, con voluntad y disciplina espartanas, obligarse a escribir aquellos retazos de su memoria que su personal e intransferible criterio decidiera otorgarles la cualidad de aceptables, entrañables, válidos para ser relatados a través de la escritura (aunque esto sea un decir pues me consta que utiliza, ya, el ordenador). ¿Y si se pierden mis escritos?, se dijo Pepe Juan (que así se llama nuestro personaje), ¿y si extravío los folios o un virus maligno, como el Demiurgo de Platón, expulsa o devora las palabras almacenadas en el disco duro?, y acto seguido adoptó la cuarta decisión, cual es la de publicar y divulgar el botín rescatado para que otros pudieran hacerse con él y mantenerlo a buen recaudo, bien repartido, para que la diosa Agresora de la Memoria no supiera por dónde empezar, no supiera a qué atenerse y se volviera, finalmente, loca. Y esta es la historia del libro que tienen ustedes en sus manos. Nunca se olviden de él pues traicionaríamos tantos esfuerzos que el destino vengador puede depararnos lo mismo, y entonces no habrá ya nadie que escriba relatos y no podremos contarnos nada porque nada recordaremos y nos veríamos condenados a hablar del presente, pero como éste se escapa a cada instante, tendríamos que permanecer en silencio, mirándonos los unos a los otros y compartiendo todos un remordimiento por algo que también se nos habrá olvidado.

Detalles del libro - LA MUERTE DE RATÓN Y OTRAS HISTORIAS


EAN (ISBN-13): 9788488671943
ISBN (ISBN-10): 8488671946
Tapa blanda
Año de publicación: 2005
Editorial: Baile Del Sol
88 Páginas
Idioma: spa/Spanisch

Libro en la base de datos desde 2009-11-02T11:01:53+01:00 (Madrid)
Página de detalles modificada por última vez el 2017-05-04T13:44:34+02:00 (Madrid)
ISBN/EAN: 9788488671943

ISBN - escritura alterna:
84-88671-94-6, 978-84-88671-94-3


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